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Iglesia transgresora

Iglesia transgresora

 


Desde Hace casi diez años,  o quizás  antes, Venezuela entró en un proceso de reformas en todos los ámbitos de la sociedad y la iglesia católica no se escapa a ese continuo proceso de transformaciones. Aunque la  iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de la Garita se encuentra en las Islas Canarias, la noticia de que el sacerdote católico Francisco Pérez Bello, párroco de aquella localidad española y considerado como tradicionalmente trasgresor, se sumó este 28 de junio a la celebración por el día mundial del orgullo gay, izando en lo más alto de su iglesia la bandera de los siete colores que identifica el movimiento pro- defensa de la lucha de  los homosexuales, lesbianas y  transgéneros (transgresores de su propio género), no pasó desapercibida.



La información se regó como arroz, gracias a la magia de los medios  masivos, llegando a los hogares venezolanos en donde las reacciones  no se hicieron esperar. ¡Horror, fin de mundo! Gritó más de un ciudadano conservador y más de una coterránea creyente del catolicismo más exacerbado (agravado), y sus dogmas ortodoxos  (leales), que además, son acérrimos detractores de la homosexualidad y todo tipo de “desorientación sexual” que no se ajuste al modelo  que ellos han aprendido y que por costumbre y tradición, profesan y que por supuesto defienden a capa y espada.

 

¡Susto!,  se dijeron otros compatriotas con una postura aparentemente más moderada, recelosos de la actitud extrema y falta de escrúpulos –según su propio juicio-  la que el padre Español le estaba mostrando al mundo al izar la bandera gay.

 

Por supuesto esta insolencia inusual, no es la postura  de la iglesia católica, apostólica y romana,  tradicionalmente opuesta a toda forma de cambio y transformación que pueda socavar y amenazar las creencias conservadoras que sustentan la autoridad y la hegemonía religiosa que la iglesia católica tradicional,  mantiene desde hace más de quinientos dieciséis años en nuestras tierras. (Desde 1492, fecha en la que el imperio Español, pisó por primera vez –según lo cuenta la historia oficial y socialmente  aceptada- tierras Venezolanas y Latinoamericanas, trayendo consigo la religión católica)-

 

En fecha reciente el papa Benedicto XVI, se pronunció en contra de las uniones matrimoniales entre personas del mismo sexo, uniones  que ya se celebran en varios países de la unión Europea como España, Holanda y Bélgica entre otros, por considerar que la base De la sociedad debe ser la familia que se crea con asiento en uniones entre Heterosexuales –hombres y mujeres-, cuya única finalidad es la procreación y prolongación de la especie humana; además de su afán para contrarrestar los escándalos por supuestos abusos sexuales que en varias ocasiones, se han suscitado entre prelados de la iglesia católica y menores de edad del mismo sexo  en diversas partes del mundo.  

 

 Al anterior escándalo se sumó la postura tomada por el grupo eclesial insurgente y de origen Luterano, La Nueva iglesia Católica reformada Venezolana (ICRV), dirigida por el cura anglicano Leonardo Marín Saavedra. (…) “la condición homo o bisexual no es pecado en si, sino la práctica de cualquiera de estas”;  “…las únicas dos restricciones para estas personas son la prohibición del matrimonio y la ordenación sacerdotal, aunque se les permite participar de la eucaristía y otros sacramentos sacerdotales”. Así se pronunció Enrique Albornoz, obispo principal de la ICRV en sus recientes declaraciones en las que daba a conocer los lineamientos que rigen su organización.

 Si bien  esta postura  responde a la necesidad de sectores progresistas que también    quieren propiciar  una serie de cambios de fondo, dentro del seno de una ideología religiosa que tradicionalmente ha hecho uso de su autoridad  para Tomar actitudes, que por su naturaleza son excluyentes y absolutistas, cabe decir que las declaraciones del señor Albornoz son ambivalentes, sospechosas y suenan bastante utilitarias y convenientes. ¿Se las habrá dictado el afán de captar feligreses para su doctrina religiosa? ¡Vaya usted a saber!

Por supuesto, la respuesta airada y contundente de los altos dignatarios del catolicismo romano, no se hizo esperar. Uno de sus voceros, monseñor Ovidio Pérez Morales, presidente del Concilio Plenario de Venezuela, Dijo que: “…la iglesia católica reformista apoya a Chávez”. Además aseveró,  “…estos grupos están  utilizando el término católico indebidamente, creando instituciones paralelas manipuladas desde sectores oficiales, para mostrarle al pueblo católico en general que hay división dentro del seno de la iglesia católica tradicional venezolana, apoyados además por todos los medios oficiales y su hegemonía comunicacional…” Y a los prelados del catolicismo les es aplicable aquella máxima que reza así: ¡Definitivamente no hay peor ciego que aquel que no quiere ver, ni peor sordo que aquel que no quiere oír!

 

Lo que no dice el monseñor Pérez Morales, es que tanto en el seno del  chávismo, como en el  de la iglesia católica la homofóbia es el pan de todos los días y salvo casos muy aislados, como parecen ser el del padre Francisco Pérez Bello y la ICRV,  cuando algún personero de uno u otro bando hace uso de una supuesta apertura hacia la comunidad homosexual, no lo hace sólo con la finalidad de buscar apoyo de parte del colectivo –Mal llamado “minoritario”-, sino con la finalidad de sacar provecho político o religioso y  de carácter coyuntural (temporal).

 

Aún siendo esta la experiencia, cabe destacar que esta es la primera vez en Venezuela que un grupo eclesial, aunque paralelo y en desacuerdo con los dogmas excluyentes de la iglesia católica, apostólica y romana, se atreve a manifestarle apoyo a la comunidad homosexual venezolana. También es la primera vez en la historia de la humanidad que un sacerdote hace flamear en las afueras de su iglesia la bandera del colectivo homosexual, tradicionalmente rechazado por la todopoderosa y santa autoridad Vaticana.

Pareciera que la iglesia católica romana y apostólica en su empeño obstinado por mantener sus premisas que ya resultan bastante anacrónicas (extemporáneas), está condenada a quedarse no sólo sin sus prelados, sino también sin sus feligreses, quienes siempre estarán en la búsqueda de una doctrina eclesiástica que más allá de darles Apoyo espiritual, -muy necesario sobre todo en nuestra época, signada por la división familiar y La soledad personal-, les brinde por encima de todo la posibilidad de encontrar el apoyo social e inclusivo  que como seres humanos todos necesitamos y al que como hijos genuinos de esa energía infinita o ser llamado Dios, al que todos buscamos y al que todos tenemos  el legítimo derecho de encontrar, al menos en el plano terrenal, amen.

 


 

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