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LA ESPIRAL DEL SILENCIO

LA ESPIRAL DEL SILENCIO Fermín (nombre ficticio para proteger la verdadera identidad de la fuente), trabaja como reportero para un conocido medio de comunicación masiva local, medio con el que Fermín no se siente satisfecho, ideológicamente hablando, sin embargo él dice, “ser medianamente bien remunerado económicamente”, razón por la cual habitualmente, al menos en su entorno laboral, se ve en la obligación de transigir en sus convicciones políticas y su idiosincrasia, pues “no está dispuesto a perder sus beneficios económicos” ya que estos le permiten a él y a su familia vivir con el decoro deseado por todo aquel que diariamente lucha para lograr un mejor modus vivendi.
No es una empresa fácil para un periodista mantener sus convicciones ideológicas incólumes, cuando éste labora para un medio dependiendo de un salario que significa su medio de sustento diario, ya que las formas de relación que establecen las empresas de la comunicación masiva responden a matrices de opinión previamente diseñadas y difundidas por este, que no dan pie para ningún tipo de negociación de índole ideológica, con sus empleados.
El profesional de la comunicación se ve presa de la disyuntiva de elegir si labora o no para dicha medio, sobre todo si esta responde a intereses contrarios a sus intereses personales.
En el caso de Fermín quien tomó la decisión de claudicar en sus convicciones, más llevado por la necesidad intrínseca de todo ser humano de auto suministrarse el sustento diario, se hace sujeto dentro de su ambiente laboral de aquella teoría de la comunicación llamada como “la espiral de silencio” y que nos refiere:
“…al conjunto de manifestaciones de comportamiento o simbólicas que reflejan las mentalidades y actitudes psíquicas de una colectividad, independientemente que se refieran a asuntos políticos, culturales o de cualquier índole, que nos son fundamentalmente adversas” (Noelle Newman, 1995).
Las opiniones adversas sobrevienen en todos los órdenes de nuestras sociedades, y frente a ellas tomamos la decisión de rebatirlas, negociarlas o transigir y vivir bajo el pesado fardo de las convicciones ajenas. Para los periodistas que como Fermín tomaron la última opción, ciertamente su cotidianidad laboral se hace “un calvario” parafraseando el coloquial dicho religioso, sin embargo para él, la necesidad tiene “cara de perro” y en una sociedad donde las desigualdades económicas son para la mayoría de la población el día a día, las convicciones ideológicas pasan a ocupar un segundo plano en la escala de valores y el derecho a elegir se ve cercenado.

PRODUCTORES DE FORTUNA

Además de ser un profesional bien formado en los aspectos técnicos inherentes al ejercicio del periodismo, el usuario de los medios de comunicación visualiza al periodista como un ser humano con un alto grado de humanidad y de sensibilidad frente a los avatares que a diario afectan nuestro entorno social y que son los temas de interés de primer orden de las personas, ya que por ello existen las informaciones y los noticieros, son la respuesta a la necesidad intrínseca en cada ser humano a lo largo y ancho del planeta que habitamos de estar al tanto de los hechos que inquietan y alteran nuestro diario existir.
Aunque hoy día los noticieros son concebidos por los medios de comunicación y las agencias internacionales de noticias, como un gran espectáculo o un talk show al que concurren masiva y diariamente millones de lectores y espectadores, luego estos son elaborados como un gran producto de consumo masivo.
Como todo producto de consumo masivo obviamente este debe estar sujeto a previos controles de elaboración, cuidadosamente empaquetado y sobre todo fabricado como un producto de “la más alta calidad”, sólo cabe decir que quienes evalúan ese criterio de la más alta calidad responden a intereses muy particulares que les generan caudalosas sumas de dinero.
Por esta razón el profesional de la comunicación, bien se llame corresponsal de prensa, enviado especial o colaborador que trabaja para estas grandes productoras de riquezas, también es sujeto de una previa y cuidadosa selección, pues más allá de ser un individuo con vocación humanista y una alta dosis de sensibilidad para comunicar, palabras más… palabras menos, debe ser antes que todo un profesional con una probada capacidad para aumentar y contribuir a llenar los receptáculos de fortuna de las agencias noticiosas.

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