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“Algo está podrido en Latinoamérica”

“Algo está podrido en Latinoamérica”

“Un suspiro profundo que a duras penas le permite contener un torrente de lágrimas, pero que no puede evitar que el corazón se le arrugue  ante el horror de observar a los hombres y mujeres de su pueblo caer una vez más ante la consternación y el dolor, hijos legítimos de la guerra”.

Ver el documental “El Luto de los Héroes” produce en el más indiferente de los observadores un penetrante dolor, pues ver llorar y mostrar su dolor a los padres y dolientes de los estudiantes mexicanos caídos en el hecho acaecido el 1 de marzo del 2008, no es sólo observar el dolor y la tristeza del pueblo mexicano, sino también el dolor del pueblo venezolano, el pueblo colombiano, el pueblo ecuatoriano, el pueblo bolivariano, el pueblo latinoamericano secularmente desposeído, expropiado, utilizado y aniquilado por todos aquellos quienes se han arrogado el derecho de hacerlo, con las razones que para ello hayan tenido a bien esgrimir.

El horror de la muerte en la pantalla produce una gran tristeza por las perdidas irreparables que una vez más ha dejado la guerra, pero también le dejan al que la observa un inmenso temor cuando percibe que esas muertes han dejado también heridas muy ondas  y difíciles de olvidar, pues la guerra, sólo la gana el rencor y el justificado afán de venganza que se apodera del pueblo latinoamericano a quien una continua y al parecer interminable suma de perdidas le pone sobre los ojos una espesa neblina de odio que una vez más le apartará de la senda de unidad  y esperanza que alguna vez vislumbró en un horizonte que no parecía tan lejano.

El coterráneo espectador se da cuenta que su pueblo muchas veces mentado con orgullo con frases tan hermosas como, “La Raza Cósmica”,  “El Continente de la Esperanza”, una vez más se sabe presa de actitudes que lejos de hacerle honor a tan agraciadas frases, y  dignificarlos ante los ojos del mundo, por el contrario, le empequeñecen y minimizan, verbigracia de su comportamiento  que muestra el nivel de barbarie que es capaz de alcanzar el habitante originario de estas tierras privilegiadas por la naturaleza.

Todo indica que en Latinoamérica avanzar un paso al tiempo que se retroceden dos es una suerte de maldición secular, que no le permite al hijo de estas tierras adelantar con paso continuo, permanente y sin descanso orgulloso de su origen multiétnico y multicultural, ufanándose de sus diferencias que lejos de restarle, deben sumarle en ideas y acciones que devengan en ser la verdadera tierra de la esperanza, la otra alternativa es hurgar para encontrar la razón de las sinrazones o la culpa de los culpables y continuar destruyéndonos Per sécula seculorum o como reza el dicho popular, “llover sobre lo que ya está empapado”.

Porque culpas y culpables seguramente habrá y muchos, cada uno hijo de un punto de vista diferente, o de un pensamiento ideológico singular, a lo mejor con un objetivo político muy loable y plausible pero como ya es habitual extremo y divisionista.

La pregunta obligada es ¿estamos dispuestos a hacer de nuestros países una sociedad de culpables?, una tradición muy ortodoxa y milenariamente católica por cierto, esa de salir en maza a la más pura y fiel usanza de la inquisición que otrora se enquistó en nuestras tierras y que aún no salen,  a la cacería de brujas para quemar y seguramente encontraremos  muchas  y continuaremos quemándonos por quinientos años más.

Tampoco se trata de justificar lo que a todas luces es injustificable, pero si de encontrar formas de encuentro que nos permitan avanzar con la menor cantidad de tropiezos posibles, cargando encima con el pesado fardo de las diferencias ideológicas y buscando la forma, el modo o la manera de cargarlas procurando que cada vez pesen menos, vislumbrando una mejor suerte para todos nuestros pueblos y un futuro más amable, de lo contrario sólo profundizaremos nuestras diferencias, odios y sed de venganza.

 “Si quieres saber la historia del hombre muerto no la busques en las revistas y sí en sus pensamientos”

Así reza un fragmento de la canción en ritmo de salsa que sirve como parte de la banda sonora del documental “El Luto de los Héroes”, y no cabe la menor duda que todas las personas que murieron en esa masacre tenían ideas de cambio y de justicia que lamentablemente quienes estamos fuera no pudimos conocer, ni compartir, ideas que seguramente en otro espacio  o contexto de lucha más accesible para la gente y para la opinión pública en general, hubiesen representado pensamientos más constructivos y fáciles de ser digeridos y puestos en marcha a todo lo largo y ancho de nuestras tierras.

 Los sueños de un mundo más incluyente, de justicia y paz para todos y por igual de estos muchachos y muchachas, que es preciso reiterar más que mexicanos, colombianos, venezolanos o ecuatorianos, son latinoamericanos, son los sueños inherentes y necesarios en todo joven que percibe que a su alrededor algo está podrido y algo anda mal. Parafraseando a William Shakespeare y su personaje Hamlet, “Algo está podrido, pero no en Dinamarca sino en Latinoamérica” y no son precisamente los muertos que han puesto los pueblos del continente de la esperanza.

 Podrido y maloliente y por eso debe ser cambiado, pero para ello se deben encontrar formas de cambio que se ajusten a los tiempos que estamos viviendo, es decir, que en el proceso de cambio le arrastre la menor cantidad de dolores posibles a nuestras gentes, pues ya basta, ya es suficiente de esgrimir esos sueños de justicia de nuestros jóvenes para utilizarlos como carne de cañón en los frentes de batalla. Esos frentes de batalla tienen que transformar la ignorancia por el conocimiento y los fusiles por herramientas de combate que cuando se usen lejos de destruir, construyan acciones que generen resultados positivos para nuestras sociedades, esfuerzos que estén dirigidos a hallar formulas de encuentro.

La noche jamás  podrá existir sin el día, así mismo la derecha se complementa con la izquierda, es ley de vida y de inclusión -no es una visión romántica de país y si una postura lógica y razonada-, de otra manera siempre habrá excluidos buscando la forma de incluirse, aunque para ello el caos y la destrucción sean una vez más el método a seguir, que por cierto es la formula más básica, la menos ingeniosa y paradójicamente la más utilizada, ¿estaremos cortos en ingenio los hijos de este continente?    

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